

Y sus repercusiones sobre el desempleo y la aún débil recuperación económica en la Eurozona
El consejo de gobierno del BCE en la sombra, compuesto por 18 expertos, académicos y economistas jefes de bancos, rechazó este lunes en Fráncfort por 10 votos en contra y ocho a favor la anunciada alza de las tasas por el presidente de la entidad, Jean-Claude Trichet.
Un punto en el que coincidieron los analistas fue el de criticar la política de comunicación del BCE y la justificación que dio Trichet para elevar el precio del dinero, que será, posiblemente de un 0,25%, hasta el 2,25%, en la reunión del 1 de diciembre, la primera subida desde octubre del año 2000.
La obsesión por combatir la inflación en Europa fue rebatida por economistas de fuera de Alemania, mientras que el analista Thomas Mayer, del banco Deutsche Bank, rompió una lanza por el estricto seguimiento de la evolución de los precios, que en octubre bajó una décima, hasta el 2,5%, frente a septiembre.
Pero el BCE seguirá incumpliendo, por sexto año consecutivo, su propio objetivo de mantener la inflación "por debajo, pero muy cerca del 2%", que se impuso para garantizar la estabilidad de los precios.
La validez de las proyecciones, tanto del BCE como de otros organismos, para enjuiciar la política monetaria fue puesta en entredicho por expertos como José Luis Escrivá, economista jefe del español BBVA, quien se pronunció en contra de un alza de las tasas. Tras poner en duda la validez de los datos que aporta la medición de la masa monetaria en la Zona Euro, Escrivá apuntó que en el mundo globalizado actual existen factores que influyen también en el movimiento del flujo de capitales y se escapan a las estadísticas citó como ejemplo la adquisición de viviendas en España por ciudadanos del Reino Unido y otros países comunitarios.
La posible formación de una burbuja en el mercado inmobiliario europeo y su posible explosión durante 2006 fue citada como argumento por Agnés Quéré, del Centro de Estudios Prospectivos y de Información Internacional CRPII) de París para subir las tasas. En este contexto, Thomas Mayer, economista jefe de Deutsche Bank, explicó que la subida masiva de los precios de activos, como los inmobiliarios, son difíciles de evaluar, dado que la concesión de créditos se extiende a varios años y ésto dificulta su seguimiento.
Mientras se registró un consenso generalizado en que la recuperación económica está en marcha, algunos participantes dudaron sobre su robustez y la supuesta necesidad de incrementar ahora las tasas por el BCE, cuando aún no se ha determinado qué rumbo tomará la economía de los doce países del euro.
Uno de los peligros que acechan a la economía europea es la aparición de diversos desequilibrios globales, como el enorme déficit presupuestario y por cuenta corriente acumulado por EEUU y la volatilidad de los mercados de divisas, que dificultan enormemente la elaboración de proyecciones fiables.
La entidad emisora divulgará tras la reunión de su consejo de gobierno del 1 de diciembre las proyecciones trimestrales internas, en las que los expertos reunidos en Fráncfort calculan que establecerá el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en torno al 2% para 2006 y la inflación, también por encima del 2%.
La débil demanda del consumo y las repercusiones de la escalda del precio del petróleo fueron dos factores que citó Charles Wyplosz, del Instituto Graduado de Estudio Internacionales de Ginebra, en contra del alza de los tipos. Pero advirtió a renglón seguido que un aumento del 0,25% de los intereses, hasta el 2,25%, no cambiará significativamente las condiciones de crecimiento económico y será una advertencia a los sindicatos para que no jueguen con fuego.
Por su parte, Julian Callow, economista jefe de Barclays Capital Europa, situó la posición "neutral" de los tipos en la zona euro en el 3,5%, un porcentaje de valor académico que los demás asistentes habían evitado mencionar.
Pero con las perspectivas de crecimiento económico menguadas, las futuras subidas de las tasas en Europa a lo largo de 2006 fueron una cuestión por la que pasaron de puntillas los observadores del BCE.
La división entre los 18 miembros de este consejo en la sombra revela, que, con toda probabilidad, esta decisión de política monetaria que tomarán los 18 miembros del consejo del BCE tampoco será tan unánime como se quiere transferir a la opinión pública.
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