

Las ventas de bienes inmuebles en las principales ciudades chinas se dispararon en los días previos a la aplicación de una nueva norma que las grava con unos impuestos del 20%.
En Pekín, por ejemplo, el último día de julio las ventas se multiplicaron por tres, y en los últimos cuatro días del mes, se produjeron las dos terceras partes de las ventas de todo julio.
De esta forma, los propietarios intentan evadir la subida, con la que las autoridades chinas intentan frenar la especulación y unas escaladas de precios del 10 por ciento o más anual.
Sin embargo, según un estudio realizado por la agencia inmobiliaria Midland Realty, los propietarios que aún no se han deshecho de sus casas buscarán nuevas opciones, como arrendarlas (el 30 por ciento) o subir el precio de venta para mantener su margen de beneficios (el 40 por ciento).
La compra de una segunda o hasta un tercera vivienda se ha convertido en una forma de inversión para muchos, en un país que aplica unas bajas tasas de interés.
Por esta razón, el pasado mayo la Comisión Reguladora Bancaria china ya pidió a los bancos del país que dejaran de conceder préstamos para comprar pisos, en otro intento por detener el recalentamiento del sector y de la economía nacional.
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