

La normativa actual de viviendas de protección oficial produce un "diseño obsoleto para el usuario, tipo de familia y gustos actuales, un diseño inflexible, anticuado y excesivamente funcionalista". Esto lo escribe Carlos Hernández Pezzi, Presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España.
Según Hernández Pezzi, la vivienda social tipo se ha impuesto en la mente de los compradores hasta suplantar sus propias necesidades por un modelo de consumo mayoritario que los arquitectos se han visto obligados a extender y construir por imperativo de la normativa.
Dado que la vivienda se establece desde el urbanismo, es realmente importante contar con unos planes que contemplen nuevas variables, tengan en cuenta el medio en el que se asientan y sean capaces de adaptarse a formas de vida diversas, dejando por sentado que la potenciación del mercado de alquiler es una de las actuaciones que pueden abaratar el acceso a un piso.
En un concurso convocado a nivel nacional a finales del año 2003 por el Consejo Superior sobre la nueva vivienda social se han premiado dos categorías, una de obra construida y otra de propuestas o proyectos para el futuro. La conclusión a la que se ha llegado es que hace falta una definición más flexible de la vivienda social, que se identifique con la diversidad de intenciones y de modelos que tiene la sociedad actual. En el certamen se valoraban aspectos tales como el cambio de los módulos de vivienda social actuales, la organización de los espacios, el análisis de la relación entre espacio privado y espacio público y la flexibilidad y versatilidad de las soluciones.
El edificio de 64 viviendas construido en el barrio madrileño de Carabanchel por los arquitectos María José Aranguren y José González Gallegos es un ejemplo de ingenio, que plantea soluciones nuevas con un coste reducido. No se presentó al concurso del Consejo Superior porque se ha terminado posteriormente, pero responde a todas sus intenciones.
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