

A pesar de las predicciones que se vienen haciendo sobre una suave desaceleración, el boom inmobiliario continua su frenética marcha hacia ... no se sabe dónde. Por lo pronto en 2003 el precio de la vivienda en España llega en el tercer trimestre a experimentar un alza media interanual del 167% el metro cuadrado, colocándose en 1.555,2 €. Por supuesto en las grandes capitales el incremento es aún mayor -en torno al 20%- y supera holgadamente la impresionante cifra de 2.250 € el metro cuadrado.
Crece, también, el número de viviendas iniciadas y visadas, es decir, la oferta lejos de enfriarse bate récords históricos año tras año desde 1998 -este año superará probablemente las 700.000- y, lo que resulta más impresionante, esa oferta es consumida con gran voracidad por una demanda cebada constantemente a partir del incremento del endeudamiento -el crédito hipotecario aumentó el 22%- de los compradores, engrasados convenientemente por una oferta hipotecaria cada vez a plazos más largos.
Por supuesto, un ciudadano de renta media deberá destinar muy pronto un 50% de sus ingresos para la adquisición de una vivienda y los agraciados habitantes de áreas metropolitanas como Madrid y Barcelona, deberán destinar más del 60% de sus ingresos para conseguir una modesta vivienda en propiedad y sólo en propiedad ya que -como es sabido- el alquiler es una quimera.
Bien es cierto que este estado del mercado de la vivienda suscita serias preocupaciones al FMI, al Banco de España, al Colegio de Arquitectos y muchas otras instituciones y entidades. Pero las advertencias sobre la existencia de una peligrosa burbuja inmobiliaria es desmentida simultáneamente por los mismos que expresan la preocupación sobre su posible existencia.
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