

El problema se puede abordar desde ópticas muy distintas, pero siempre con la misma premisa:
No habrá un nivel aceptable de viviendas de alquileren el mercadomientras no salgan los números primarios sobre su rentabilidad, y mientras el alquiler acabe teniendo a medio y largo plazo un valor similar al de la compra.
Para corregir la situación actual deben preverse beneficios fiscales, pero no sólo para las que las grandes inmobiliarias obtengan esas rentabilidades imprescindibles, sino también para hacer atractivo el producto a otro tipo de capitales, fundamentalmente a los procedentes del ahorro. Se trataría de conseguir que uno, o varios pisos en alquiler fueran inversiones rentables para el ahorro privado.
Para nadie es un secreto que, hoy, el ahorro se mueve desorientado entre los fondos de inversión, de inquietante trayectoria, y la bolsa. Que cualquier otro tipo de inversión que garantizara un mínimo seguro, como podría ser el alquiler de vivienda si se legislase con talento, atraería suficiente capital como para que se pusiesen en circulación una cantidad significativa de viviendas en alquiler. El caso está en saber si esa variante interesa de verdad a la administración.
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