

El "boom" de la construcción no beneficia a las constructoras. La actividad constructora obtiene un 6% de beneficios frente al 9,4% del conjunto de las empresas cotizadas
Las empresas constructoras que cotizan en Bolsa obtuvieron en 2005 un
6% de beneficios sobre ventas que contrasta con el 9,4% del conjunto de empresas no financieras, según datos facilitados por el Servicio de
Estudios de la Cámara de Contratistas de Obras de Cataluña (CCOC). A pesar del buen momento del sector de la construcción en España, las constructoras son las que menos se benefician.
Las empresas inmobiliarias obtuvieron un 24,1% de beneficios, encabezando el ranking sectorial de las empresas cotizadas. Las empresas de autopistas y aparcamientos obtuvieron en 2005 un 20,3% de beneficios sobre ventas. Otros sectores relacionados con la construcción, como por ejemplo las empresas de materiales de construcción y las de ingeniería, obtuvieron unos ratios del 5,9% y del 4% respectivamente.
Diversificación de las empresas constructoras
En opinión de Rafael Romero, presidente de la CCOC, "las empresas constructoras que cotizan en Bolsa están muy diversificadas y el 50% o más de su cifra de negocios no proviene de la actividad constructora.
Según nuestros datos, una empresa constructora que obtiene entre un
3% y un 4% de margen sobre ventas puede darse por satisfecha". Para
Romero, la empresa constructora tiene una dependencia excesiva de la solvencia de sus clientes ya que la quiebra de uno de ellos puede poner en peligro su supervivencia. “Tenemos márgenes similares a la gran distribución con la diferencia de que en la gran distribución se cobra al contado, mientras que en la construcción se firma un contrato sin saber cómo puede acabar”.
También es significativo, apunta Romero, que las empresas ligadas a la construcción de obras (constructoras, fabricantes de materiales e ingenierías) tengan una rentabilidad dos o tres veces inferior a las que comercializan obras (autopistas, aparcamientos e inmobiliarias). "El sector difícilmente podrá ser un sector innovador y tecnológicamente competitivo si los beneficios no se hallan en la producción sino en la venta y explotación de lo construido", afirma Romero.
Oscilaciones en el calendario público de contratación
La irregular programación de las inversiones genera fuertes oscilaciones en el calendario de las obras públicas que salen a concurso, lo que incide en el mercado generando un exceso de competencia ya que las empresas desconocen si a los tres meses habrá o no habrá obras para contratar. Si a esto se añade que el cliente, tanto privado como público, parece orientarse únicamente por el precio para seleccionar a la empresa constructora, es fácil comprender este reducido margen de beneficios sobre ventas.
La Cámara de Contratistas propugna que las obras públicas se planifiquen consensuadamente en un horizonte temporal de seis años (para sustraerlas del calendario electoral), que la programación anual de obras a contratar se dé a conocer a comienzos de cada año y que en la selección de empresa se dé prioridad al contenido técnico de las ofertas por encima del precio.
La excesiva valoración del precio obliga a las empresas constructoras a primar su flexibilidad y así poder adaptarse a las oscilaciones de la demanda, dejando de lado aspectos fundamentales como la formación de sus trabajadores, la inversión en nuevos equipos y la innovación en métodos y sistemas constructivos. Es decir, se abandona todo aquello que mejoraría la productividad de la empresa y permitiría disponer de un sector de la construcción más competitivo, capaz de ofrecer construcciones de más calidad, más durabilidad, mayor confort de utilización y menor coste de mantenimiento, todo ello sin repercutir en un incremento de costes. "La construcción supone el 13% del PIB de Cataluña y una mejora de su productividad tendría efectos directos muy positivos sobre la productividad global de la economía catalana" afirma Romero.
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