

El presidente de Tecnigrama, Antonio Escudero Musolas, analiza en este artículo la situación que atraviesa el sector residencial en España y su futuro inmediato. Escudero, aunque no se muestra muy optimista, piensa que el anunciado hundimiento de los precios no se convertirá en realidad.
Desgraciadamente después de más de 30 años de analizar el sector inmobiliario en nuestro país, se me hace cada vez más difícil diagnosticar su futuro.
Esto no es por otro motivo que los grandes cambios que se van produciendo en nuestra sociedad en general y el mercado residencial en particular, cambios que parece que no pasan desapercibidos pero que de forma lenta pero continuada van modificando nuestros hábitos de vida, nuestras necesidades, nuestras demandas.
Si nos basamos en criterios puramente sectoriales, a la hora de presentar un diagnóstico, deberíamos incidir en estos puntos:
- A partir del próximo año se iniciará un descenso en la demanda interior, debido a la pirámide de edades. Es decir, que de aquí a los próximos 20 años las cohortes de jóvenes que se incorporan a la vida laboral y que por tanto configuran la demanda de nueva vivienda, va disminuyendo de forma muy ostensible.
- En contrapartida se producirá un incremento notable de la población con más de 80 años, que si bien retendrán más viviendas durante un tiempo, finalmente las liberarán en mayor cantidad en el momento de su desaparición. Esas viviendas libres serán puestas en oferta en el mercado o irán a parar a los herederos.
Es decir, que el saldo entre nuevos hogares que se generan y viejos hogares que se destruyen actualmente muy favorable a los primeros irá menguando.
Para suplir esta pérdida de demanda se confía en:
- El efecto esponjamiento, tamaño familiar cada vez más pequeño que incide en la necesidad de más viviendas, por divorcios, separaciones, más hogares pluripersonales, etc.
- Y la demanda externa, sobre todo los emigrantes si estamos hablando de primera vivienda, que han venido a España en busca de trabajo y poco a poco se van estabilizando y entrando en el mercado inmobiliario aunque sea por abajo (alquiler, segunda mano).
Por otro lado, podríamos hablar del mercado turístico, que prevé una estabilización de la demanda nacional, gracias a la futura red ferroviaria de alta velocidad, que colocará la playa al alcance de todos los españoles, mientras que la internacional se presenta más incierta, pues si bien tenemos aún mucho recorrido gracias a los nuevos productos que se están gestionando (campos de golf, resorts, turismo verde, turismo interior, entre otros) aparece la amenaza competitiva de los nuevos países europeos de la zona mediterránea, algunos de ellos de cultura germana, que sin duda alguna nos arrebatarán una cuota demandantes que hasta ahora teníamos casi en exclusividad.
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